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Emprendimientos tecnológicos chilenos aún no responden a las necesidades del mercado
Fuente: Diario Financiero
Iniciativas en tecnologías de la información y comunicación (TIC), electrónica, arquitectura, salud, medioambiente, acuicultura, telefonía móvil, educación o energía hablan del variopinto espectro de ámbitos en los cuales las empresas tecnológicas chilenas están desarrollando servicios.
Sin embargo, en Chile los emprendimientos tecnológicos tienden a concentrarse en la adaptación de tecnología más que en la generación de propuestas que generen impacto y que respondan a las necesidades del mercado, lo que habla de un déficit de visión, advierten los expertos.
"Los emprendedores le dan más importancia a la tecnología en sí que a la propuesta de valor, lo que hace perder oportunidades y consumir recursos que no aportan al emprendimiento. Lo que se debe hacer es confirmar la necesidad concreta del mercado y luego ver cómo satisfacerla", explica Luis Lino, del Centro de Innovación y Transferencia Tecnológica de la Usach (Centro Innovo-Usach).
En general, en las principales industrias del país hay muchas empresas de tecnología nacional prestando el soporte y agregando valor. La mayoría apunta y se concentra en aquellos sectores del aparato productivo con mayores ventajas comparativas, como el forestal, financiero, minero (monitoreo y automatización), agrícola (sistemas predictivos) y de telecomunicaciones (aplicaciones). E incluso, el sector cuenta con algunos ejemplos claros de exitosos como el sistema de factura electrónica que definió el SII, acepta.com (certificados digitales), o Mapcity.
Sin embargo, en Chile se deben desarrollar más profundamente los modelos de negocios para que apunten a construcciones más sofisticadas, centradas en el cliente, opina Cecilia Schroder, de IncubaUC. "No sólo el acceso al dinero hace la diferencia en el éxito de una idea: influyen también las redes, el acceso a la información de mercado, la definición de una estrategia, un modelo y plan de negocio adecuado", dice.
No obstante René Villegas, del Instituto 3IE de la Universidad Técnica Federico Santa María, observa que se está atravesando una etapa de transición entre empresas enfocadas en el desarrollo tecnológico, y las que encuentran oportunidades a partir del mercado. De la misma manera, Schroder plantea que la realidad nacional permitiría el desarrollo de una opción intermedia entre adaptación tecnológica y disrupción, a lo que Villegas añade que en la medida que el número de empresas tecnológicas aumenta, "se alcanza la masa crítica necesaria para aumentar la probabilidad de generar saltos tecnológicos de impacto global, sobre todo en biotecnología o en modelos de negocios basados en TI".
Creciente interés
En Chile hay unas 30 incubadoras de negocios y más de un 65% apoya a empresas de base tecnológica. A nivel nacional, las postulaciones superan las 3.800 al año y los datos que manejan algunas de ellas, dan cuenta del creciente interés por emprender en tecnología.
El Instituto 3IE ya ha incubado 60 de estos proyectos y 40 más están en su actual cartera; Austral Incuba ha analizado unas 400 postulaciones y trabaja en 15 proyectos; en Octantis han creado 150 empresas, de las que buena parte está en las TI y biotecnologías, con 14 patentes internacionales en curso; en IncubaUC han desarrollado más de 65 proyectos, levantando más de $ 17 mil millones en subsidios y recursos privados; e incluso Movistar lanzó, en 2009, su propia incubadora para canalizar las inquietudes de empleados, proveedores y clientes. Además, existe un fondo de inversión para estas empresas -Aurus Tecnología-, que en los próximos seis meses espera cerrar inversiones en unas cinco empresas.
Se trata de emprendimientos creados, básicamente, desde el mundo de la ciencia y del conocimiento, basados en algún tipo de tecnología que incorpora valor agregado distintivo para ingresar al mercado. En su mayoría son pequeñas empresas de dos a tres socios, con baja empleabilidad en sus comienzos, con flujos financieros escasos (hasta que logran capturar el interés de sus clientes), y que apuntan más que nada al mercado nacional.
En general, quienes lideran estos proyectos tienen un perfil más de investigador y académico, son creativos, extremadamente rigurosos y perseverantes, tolerantes a la frustración y a los errores, altamente motivados, dispuestos a trabajar en sus inicios con un alto costo de oportunidad mientras crean valor en sus propios emprendimientos. Y aunque muchos provienen de las universidades, "poco a poco estamos saliendo de los proyectos académicos a iniciativas de emprendedores científicos", dice Macarena Sáez, de Austral Incuba.
A pesar de esto, José Miguel Piquer, profesor asociado del Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Chile, advierte que el aumento en la demanda por profesionales en tecnología no se ha transmitido aún a los jóvenes universitarios y que existe un enorme déficit de técnicos-profesionales que puedan suplir esa demanda.
"En Chile hay unas cinco universidades de nivel internacional donde se forma la elite de la ingeniería chilena, jóvenes que pueden ser un potencial caldo de cultivo para la innovación y que hoy estamos desperdiciando porque el ideal de la sociedad actual es que sean empleados bien pagados".

